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"La Máquina del Tiempo" de H.G. Wells

“La Máquina del Tiempo” se halla en los inicios de la novela de ciencia-ficción, y sigue conservando el mismo poder de fascinación que le valió el éxito inmediato en su publicación. Combina dos aspectos esenciales: el maquinismo que hacía furor en la primera mitad del siglo XX y la visión escéptica de H.G. Wells sobre el porvenir que espera la raza humana si todo sigue como en la época que al él mismo le tocó vivir. Describe un futuro en el que dos razas derivadas de la humana conviven: los eloi y los morlock, ambos comparten en una peculiar simbiosis en un planeta extraño y desolado donde la humanidad tal y como la conocemos ha desaparecido. 

El argumento principal de la obra es un viaje al futuro remoto y la descripción de la sociedad en el año 802.701. Sin embargo, podemos decir que el tema central de la novela es la responsabilidad de los hombres con respecto al porvenir, lo cual se ve reflejado en la cantidad de reflexiones que hace el protagonista mientras cuenta su historia. 

 Del mismo modo, en la novela vemos reflejadas la forma de vida, las costumbres, las crueldades y la decadencia que el viajero del tiempo encuentra en su viaje, lo cual es el resultado de lo que cada generación humana ha realizado en su propio tiempo. El autor reflexiona sobre el devenir del mundo si el ser humano sigue actuando como lo hace en su presente y cómo las generaciones venideras se verán afectadas por las acciones de sus antepasados. 

En lo referente a la estructura, podemos dividir la novela en dos bloques narrativos: el primero de ellos formado por el antes y el después del viaje, el protagonista se encuentra en su propio presente, en esta parte predominan los diálogos y el narrador es en tercera persona. La segunda parte se centraría en el viaje en sí, narrado en primera persona, sin diálogos y que contiene el tema central de la novela: la descripción de la sociedad del futuro. 

Si nos referimos al ritmo narrativo de la novela, en el primer bloque el autor intenta captar la atención del lector, comenzando por introducirle las características de los viajes en el tiempo, las cuatro dimensiones, la propia máquina en sí y la personalidad del protagonista. El lector se siente como uno de los invitados a la casa del Viajero del Tiempo, ansía conocer cómo será su viaje. 

En la segunda parte, la referente al viaje en sí mismo, la novela avanza tanto a base de descripciones de lo que es la sociedad y el paisaje del futuro; como gracias a las reflexiones que realiza El Viajero del Tiempo sobre las causas que han llevado a la humanidad a derivar en dos razas que no conservan prácticamente ningún rasgo de humanidad. 

H.G. Wells, autor de "La Máquina del Tiempo"
El estilo de H. G. Wells busca la funcionalidad y no la belleza. Para él, la literatura (según sus propias palabras) “no es orfebrería y su finalidad no es la perfección; cuanto más se piensa en cómo debe hacerse, menos se logra. Estas debilidades conducen a un camino fatal, que se aparta de todo interés natural para ir hacia el vacío de un esfuerzo técnico, un egoísmo monstruoso de artífice”. 

La calidad de su escritura reside más en su fuerza en su intencionalidad crítica que en jugar con el lenguaje o utilizar complicadas técnicas literaria. Sin embargo, algunos pasajes poseen una gran fuerza poética, como, por ejemplo, las escenas en las que el protagonista disfruta de la compañía de Weena, una habitante futurista de la raza Eloi. 

Volviendo a centrarnos en la obra, podemos hablar de sus personajes principales: 

Comenzamos, como no podía ser de otro modo, con la máquina. El artefacto permite llevar a cabo el viaje en el que se centra la obra casi en su totalidad. Su mecanismo y modo de funcionamiento no se describen detenidamente, sin embargo, si conocemos su aspecto externo, sus elementos y calidades, los cuales sí se describen minuciosamente. 

El Viajero del Tiempo es el personaje clave de la novela, a través de sus ojos el autor nos cuenta, cómo es el futuro, su visión del Mundo y de la sociedad. Al principio de la novela aparece como un sabio lleno de teorías que intenta convencer a sus colegas de su verosimilitud; pero, cuando la novela termina, las emociones por las que pasa lo llenan de una calidad humana que termina por despertar la simpatía del lector. 

Mención merecen también las dos razas en las que se ha dividido la humanidad en el futuro: los Eloi y los Morlocks. Ambos son seres de psicología muy primaria, son como animales inhumanos; sin embargo, Wells los dota de apariencia exterior humana y con una personalidad basada en el instinto y en lo que la naturaleza les ofrece. 

De entre los Eloi destaca el personaje de Weena. Es, como todos los de su raza, un ser primario, asustadizo y débil, pero que por su capacidad de sentir amor, ternura y lealtad representa el único motivo de confianza en la humanidad que se encuentra en la novela. 

Por último, podemos mencionar a los amigos del viajero. Son los testigos de las palabras del Viajero del Tiempo, son hombres sabios y escépticos que simbolizan la sociedad contemporánea de H. G. Wells. 

Para finalizar, y a modo de resumen, “La máquina del tiempo” es mucho más que una muy valorada novela de aventuras caracterizada por los elementos imaginativos que añade el autor. Constituye un libro de gran valor para quien quiera acercarse a la obra de H. G. Wells y quiera acercarse a la moral de la sociedad de la época. El autor combina en esta obra sus preocupaciones científicas con sus pensamientos sociopolíticos, los dos polos que delimitaron su vida.

La dama errante de Pío Baroja

La Dama Errante de Baroja, publicada en 1908, es la primera de las obras que componen la trilogía La Raza a la que también pertenecen La ciudad de la niebla (1909) y El árbol de la ciencia (1911).

El autor vasco nos relata la historia del Doctor Aracil y su hija María, que tras verse indirectamente involucrados en un atentado anarquista contra los reyes de España en Madrid deciden huir del país, iniciando un recorrido a lomos de burro y a pie por España, en dirección a Portugal. Desde Portugal llegarán a Inglaterra, con la intención de establecerse en Londres.

Cabe recordar que María Aracil es también la protagonista de La Ciudad de la Niebla, libro que relata la estancia en la capital británica de la muchacha. Los viajes de Baroja son determinantes en su obra ya que el autor noventayochista sólo relata lo que ve. Sus viajes no son sólo piezas del puzzle intrincado de su novela, sino que también le sirvieron para escribir tres libros de viajes propiamente dichos, dos dedicados al País Vasco y uno a Italia.

En La Dama Errante el autor nos hará partícipes de su visión de España y del carácter de los españoles, muchas veces desde un punto de vista impresionista. La intención del autor, tal y como anuncia en el prólogo de la obra, no es aportar al panorama español de las letras una obra de gran calidad literaria o filosófica, una obra que perdure en el tiempo como un cuadro con pretensiones de museo, sino más bien escribir ambicionando un tono más psicológico y documental.

Como la mayoría de sus obras, la que tenemos entre manos nos presenta un mosaico de personajes, fundamentales para la recreación del ambiente y de la época, con la diferencia de que la historia que presenta es un hecho real: el atentado contra Alfonso XII del 31 de Mayo de 1906 en Madrid, perpetrado por el anarquista Mateo Morral. El anarquista frecuentaba el círculo al que Baroja pertenecía, y asistía ocasionalmente a las tertulias en que el autor participaba. De la conmoción que causó el hecho en la sociedad española y en el propio Baroja nace esta novela.

Pese a que en la mayoría de sus obras posteriores a 1914 no usa sus personajes como eje de la acción, aquí vemos una serie de protagonistas que se suceden sin interrupción, en torno a los cuales se va a estructurar la obra entre los que destacan los Aracil.

En un primer tiempo apreciamos una descripción de carácter casi periodístico de los hechos del atentado, introducidos por una caracterización del Madrid de la época y su ambiente. El ambiente es un elemento fundamental de la técnica descriptiva del autor, parte de los conceptos globales, de las ideas generales, nos ofrece una visión de conjunto de la sociedad para luego centrarse súbitamente en un personaje. Para ello Baroja utiliza descripciones largas y metódicas para facilitar la inmersión en la atmósfera.

Va introduciendo nuevos elementos de su personalidad poco a poco; y al filo de los capítulos vamos viendo una evolución en cada uno de ellos. En contraste con otros personajes, a través de los diálogos o de los pensamientos de unos acerca de los otros, como en el caso de María con su padre, vamos descubriendo nuevas facetas de unas figuras que no tienen nada de estáticas. Este exceso en la descripción puede gustar o no, pero es innegable que su capacidad de crear ambientes.

María Aracil es el pilar central de la obra. Educada en un ambiente peculiar, con ideas propias y que no termina de encajar en un mundo donde las mujeres dice el escritor son frívolas y sólo tienen sentido como futuras esposas.

Es un personaje idealizado y que parece ser el que menos evoluciona. Se nos presenta como una muchacha de carácter decidido, cándida y graciosa que tiene como regla de conducta ser sincera con ella misma y con los demás. No es difícil percibir en estos rasgos una proyección del mismo talante del autor, o al menos de su ideal de mujer. Es un personaje transparente, que representa el sentido común, la inteligencia y el autor nos la hará ver como la parte objetiva dentro de la visión del viaje.

El doctor Aracil comienza presentado como un hombre decidido, pero que se revela como un cobarde ante la idea de perder su prestigio y popularidad. Su egocentrismo hace que lo sacrifique todo por aparentar frente a los demás.

No obstante es un personaje desigual, que evoluciona favorablemente a ojos del lector pero que se nos presenta como el culpable de los males asumidos por su hija. No obstante, aunque presente a lo largo de toda la obra no tiene el mismo valor que el de otros protagonistas.

También encontramos a Iturrioz, un hombre calvo y arrugado, y  que Pío Baroja nos presenta como primitivo, con la fisonomía clásica vasca. Aunque de aspecto sospechoso un hombre íntegro, constante y consecuente con sus ideas. Le caracterizan un humor taciturno y un carácter insociable. Baroja lo pinta como un entusiasta de la violencia, cínico.

Representa la postura política de Baroja y también de muchos autores noventayochistas, lo que nos puede llevar a afirmar que puede ser el alter ego del autor. Hay sin embargo en Iturrioz ciertas características que lo alejan de Baroja, como su fe en la Iglesia Católica.

Podemos mencionar también a Nilo Brull, la encarnación de lo que el autor detestaba de los anarquistas. Con grandes dotes de teatralidad y argumentación brillante aunque vacía Nilo Brull pasa por un hombre brillante a ojos del Doctor Aracil, sin embargo María le aborrece y no duda en demostrarlo. Es un hombre violento, esa indiferencia de María y llega a tratar de indisponer a su padre contra ella.

La carta de su suicidio podría considerarse la exposición clara los delirios de grandeza, lo que nos da una muestra de la opinión que Baroja tiene de los anarquistas. Podemos afirmar que Baroja desprecia a su personaje al tiempo que siente una admiración contenida por él. Además, es precisamente este personaje el que le lleva a escribir el libro.

En definitiva, una obra con la que el autor vasco inicia su trilogía de “La Raza” y que está salpicada por diversos motivos de tinte ideológico y política. Es una obra, tal como quería el autor, psicológica, y que consigue recrear una atmósfera genial gracias a unas descripciones que, pudiendo gustar más o menos por lo necesarias, permite conocer de primera mano los hechos de un modo muy documental. El autor vasco representa los tipos que considera más oportunos para ofrecer su visión de la situación española tanto en política, como en terrorismo, sociedad o mujer. Un libro muy completo.

El árbol de la ciencia de Pío Baroja


Pío Baroja nació en San Sebastián, aunque pasó la mayor parte de su vida en Madrid. Fue allí donde estudió la carrera de Medicina. No obstante, su ejercicio como médico fue breve, tan sólo una breve temporada en el pueblo guipuzcoano de Cestona, de donde se marchó al poco tiempo al no estar demasiado cómodo. Volvió a Madrid donde entró en contacto con escritores como Azorín, Maeztu, entregándose casi de lleno a la literatura, la que tenía muy claro que era su gran vocación.

Publicó sus primeros libros en 1900 tras una serie de colaboraciones en diarios y revistas. A ésta siguió una etapa de intensa labor, en la que el escritor también encontró tiempo para viajar por diversos países de Europa. En 1911 publicó El árbol de la ciencia. Hasta ese momento había publicado ya, además de cuentos, artículos y ensayos, diecisiete novelas que constituyen lo más importante de su producción. Su fama se consolidó, y el escritor se encerró en la que era su única vocación ya, la literatura. En 1935 ingresó en la Real Academia. Durante la Guerra Civil pasó a Francia, viviendo allí hasta 1940, cuando volvió instalándose de nuevo en Madrid. Murió en 1955.

El árbol de la ciencia, ambientada en los últimos años del siglo XIX, narra la vida de Andrés Hurtado. La novela se ha considerado autobiográfica, al verse cierto paralelo entre la vida de Andrés y la de Pío Baroja. El libro está estructurado en varias etapas de la vida del protagonista, empezando éste en el momento en que comienza a estudiar la carrera de Medicina, y terminando cuando su vida finaliza.

Andrés entra en la escuela de medicina con muchas ganas de aprender, pero encuentra una educación que lo deja desilusionado y pronto adopta una mentalidad negativa, que le hará concebir varios aspectos de su vida desde esta actitud. En la escuela se hace amigo de Julio y Montaner, a través de los cuáles conoce a Lulú, una chica no muy guapa, de familia modesta ycon una personalidad bastante atípica para su tiempo.

Andrés comienza a realizar visitas a su tío Iturrioz, quien también es médico y ambos entablan conversaciones filosóficas en las que hablan sobre la sociedad, la ciencia y las ideas de Kant y Schopenhauer. Éstas le sirven a Andrés a poder compartir con alguien las preocupaciones que le rodean.

Tras terminar sus estudios médicos, Andrés es destinado como médico a un pueblo manchego, Alcolea del Campo, pero, tras pasar allí una temporada y encontrarse en un universo de soledad y apatía, el joven se desilusiona aún más. Tiene conflictos con el otro médico del pueblo y los habitantes del mismo. Es testigo del caciquismo, ignorancia y egoísmo que reinan en la localidad. Durante su estancia en Alcolea, su hermano menor se enferma y se muere, otro palo más para su ya triste personalidad.

Andrés decide marcharse del pueblo y regresa a Madrid. Eventualmente encuentra empleo como médico de higiene, tratando a prostitutas y gente pobre. Este cargo contribuye a su pesimismo y postura crítica de la sociedad.

Andrés vuelve a ver a Lúlú, la chica a la que conoció antes de partir al pueblo y se da cuenta que es únicamente el estar con ella lo que desea, por ello decide casarse con la chica. Su tío Iturrioz le encuentra un trabajo como traductor e investigador de estudios médicos, en el que Andrés se siente muy a gusto.

La feliz pareja vive un año de felicidad y de paz. En este clima de alegría, Lulú se entristece cada vez más y Andrés adivina que lo que desea es ser madre, pero en los planes de Andrés no entra por el momento el de tener hijos y, de nuevo, comienza la ansiedad. Al final Lulú quedará embarazada y al dar a luz el bebé nace muerto. Lulú fallece poco después, aquejada de varias hemorragias. Ante tanta desgracia, Andrés no puede soportar más el sufrimiento al que su vida le ha llevado y decide suicidarse.

El cuarto poder de Armando Palacio Valdés

Armando Palacio Valdés es uno de los grandes desconocidos de la literatura española de entresiglos, lo que no es motivo para, mucho años después, recuperarlo e incluirlo entre nuestras lecturas de cabecera. Sobre todo para periodistas e estudiantes de comunicación, aquellos que aún sigan creyendo y trabajando en la leyenda de que el Periodismo es el cuarto poder. Valdés, en un pueblo inventado de las costas asturianas llamado Sarrió, coloca a don Rosendo, un comerciante aficionado a la prensa afrancesada que cree que un nuevo periódico traerá el desarrollo a sus tierras portuarias. Lo que empezó como un afán de progreso pronto se convierte en un canal de desprestigio para políticos y religiosos, que deciden unirse y crear ellos, también en nombre del progreso, otra publicación que ataque a los primeros. La decadencia de la moral humana y social que se tropieza con el chismorreo y las falsas ilusiones entretejido con un conflicto privado de un joven y desventurado trío amoroso que, finalmente, se unirá al conflicto externo del pueblo al ser víctima de los cotilleos. ¿Dónde acabe el Periodismo y empieza el chisme? Si algo nos gusta a nosotros son los clásicos, y este debate, más clásico y cercano no nos puede resultar.

Pigmalion de Bernard Shaw


Pigmalion es una de las obras más famosas del escritor inglés Bernard Shaw, gran pensador que promulgaba la igualdad económica,  galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1926. La obra se sitúa en el siglo XIX y es un conflicto entre la clase media-alta y la clase social más baja, del esfuerzo de los poderosos para dominar sobre los que no lo son. Abundan los diálogos entre los personajes para darle más realismo mediante un lenguaje cotidiano, una forma de que el lector se introduzca en la historia. Los personajes principales son el Sr. Higgins y Eliza, él decide emprender un experimento y apuesta con su amigo Pickering, también lingüista, a que es capaz de convertir a la muchacha en una señorita educada en sólo unos meses y dar el pego en la alta sociedad londinense. 

Pigmalion fue llevada al cine y obtuvo el Oscar a mejor guión en 1938.

La ciudad de la niebla de Pío Baroja


 Pío Baroja fue uno de los escritores españoles pertenecientes a la Generación del 98. Nació en San Sebastián en 1872, hijo de una familia rica y aburguesada. En se­guida tuvo contacto con el mundo editorial, ya que su familia poseía una imprenta, y desde muy joven se aficionó a la literatura, en especial los clásicos del siglo XVIII, y posteriormente se interesó por la filosofía, decantándose siempre hacia las partes más pesimistas. 

Baroja escribió artículos para diversos periódicos y revistas y en 1900 publicó su primer libro, Vidas sombrías, una recopilación de cuentos. Gracias a la publicación de este libro, Baroja entró en contacto con otros autores de la Generación como Unamuno, Azorín o Maeztu. Debido a que trabajó como corresponsal para el periódico El globo, tuvo la oportunidad de viajar a diversos países y ciudades europeos, entre ellos Londres, lugar en el que se ambienta la narración de La ciudad de la niebla.

En 1935 fue admitido como miembro de la Real Academia Española, pero poco después, con el estallido de la Guerra Civil, tuvo que exiliarse a Francia, donde trabajó como profesor. A su vuelta tras la guerra, formó parte del Instituto de España, donde se gestionaba la publica­ción de artículos en los periódicos para que fueran favorables al Régimen. También continuó escribiendo, pero sus obras sufrieron la censura del Franquismo.

Entre sus obras destacan los cuentos breves y sus trilogías y tetralogías de novelas, aunque estas agrupan a libros que muchas veces no tienen nada en común. Las más conocidas son Tierra vasca, a la que pertenece Zalacaín el aventurero (1909); La lucha por la vida, integrada por La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora roja (1904); y la trilogía de La raza, a la que pertenecen La dama errante (1908), La ciudad de la niebla (1909) y El árbol de la ciencia (1911).

En sus obras aborda especialmente el realismo, centrándose en las descripciones de los pai­sajes y las ciudades. Deja entrever una filosofía pesimista, y sus personajes suelen ser margi­nales, que viven en ambientes pobres. Sin embargo, en sus obras podemos ver la lucha de los personajes por escapar de la vida de pobreza, aunque el pesimismo de Baroja los lleva a fraca­sar casi siempre. Baroja utiliza sus obras como denuncia social contra la Iglesia y la burguesía, y también deja entrever sus ideas liberales y socialistas.

Su obra La ciudad de la niebla puede considerarse una novela realista debido a su temática. Am­bientada en el Londres de principios del siglo XX, Baroja se detiene en descripciones pormeno­rizadas de los lugares más representativos de la ciudad. Así, encontramos la descripción del Big Ben y el Palacio de Westminster, los muelles o «docks», los parques (en especial Hyde Park) y, cómo no, la niebla, que da nombre a la novela.

Baroja se centra especialmente en la descripción del paisaje en un inicio, dando una visión panorámica de Londres, para luego describir las casas y vesti­mentas de la alta burguesía, y por último los barrios bajos y la más cruda pobreza de los habi­tantes londinenses. Todo ello marcado, por supuesto, con la presencia de la niebla.

A lo largo de la novela, se describen las vivencias de María y su padre y el resto de personajes que estos se encuentran en Londres cuando llegan a esta ciudad después de huir de España, donde se los asocia con un ataque en contra del Rey. Se establecen numerosas comparaciones entre el Londres y el Madrid de la época, no solo en los paisajes y ambientes, sino en la forma de comportarse de los espa­ñoles y los ingleses, recurso que se utiliza tanto para ensalzar España como para criticarla.

Entre los temas que aborda la novela, el principal es la comparación entre clases sociales, usada a modo de denuncia hacia los excesos de la clase alta y el desprecio que tiene esta hacia la clase baja. También vemos, gracias al personaje de María, un intento de evolución desde una clase inferior a una superior, pero que por desgracia no es posible, reflejando así pesi­mismo, pero también la crudeza de la vida real.

Hasta cierto punto, La ciudad de la niebla también puede ser considerada una novela fi­losófica o de ideología política. A lo largo de la novela se nos presentan diversos temas filosófi­cos y morales, aunque especialmente se centra en la lucha por la supervivencia y en qué es­taría dispuesto a hacer alguien para llevar una vida digna. Aquí se nos presentan dos solucio­nes: luchar o someterse. El sometimiento lo vemos en el padre de María, Enrique Aracil, quien decide casarse con una mujer rica para poner fin a sus problemas económicos; por otra parte, María es el personaje luchador, que intenta ganarse la vida por su cuenta, pero debido a todos los impedimentos que se encuentra, finalmente decide abandonar y someterse también, casándose por conveniencia.

Otra temática importante es el fuerte contenido político-ideológico que encontramos hacia el final de la novela, aunque se habla sobre el tema durante todo el argumento. Baroja nos presenta numerosos diálogos en los que se discuten las ventajas y desventajas del socialismo, una ideología que empezaba a florecer por entonces, y al final de la novela vemos el anarquismo y la lucha contra el poder establecido con los atentados y el tráfico de bombas. También se deja entrever, dado que apa­recen varios personajes rusos, cómo comienza a gestarse la Revolución Rusa.


Una característica curiosa del libro es la mezcla de puntos de vista en la narración. El libro está estructurado en dos partes, y mientras que el primero está narrado en primera persona desde el punto de vista de María, el personaje principal; el segundo está narrado en tercera persona omnisciente. Al inicio de la segunda parte, Baroja hace una intervención en la que reflexiona sobre las descripciones de los escenarios y personajes que ha hecho hasta ahora. Esta inter­vención se asemeja a una carta en respuesta ante un posible crítico, donde Baroja se encarga de excusarse ante posibles errores y también aprovecha para comparar la literatura actual con la clásica del Renacimiento. Las intervenciones del autor se vuelven algo común a lo largo de la segunda parte, donde Baroja aprovecha para reflexionar sobre las acciones de sus personajes y sobre la vida en general mediante soliloquios de temática filosófica.

También llama la atención la longitud de los capítulos, muy cortos, y la presencia de un epílogo en el que se resuelve toda la acción en un final que mezcla el «Y vivieron felices y comieron perdices» de los cuentos, con los finales más agridulces propios del Realismo.

Como libro que continúa la trilogía de La Raza, La ciudad de la niebla está relacionada con el libro que la precede, La dama errante. Existe una continuidad temporal, aunque nunca se llega a detallar qué ocurre exactamente en el anterior libro, y también de personajes, pues vuelven a aparecer María y su padre y también Iturrioz, que aparecían en la anterior novela.

La ciudad de la niebla es una novela que sorprende, no solo por la forma en la que está nar­rada, sino por cómo se desenvuelve el argumento. Que la acción comience iniciada, el cambio de narración de la primera a la segunda parte de la novela, las descripciones que detienen la acción y la intervención del autor en la mitad de la novela mantienen el suspense y la atención del lector. Aunque sin duda lo que más atrae la lectura es que el libro sea corto, con capítulos breves y fáciles de leer y unas descripciones que te transportan inmediatamente a Londres.

Es posible que Baroja falle a la hora de describirnos con exactitud a muchos personajes, pero sí es capaz de hacer que nos identifiquemos con María, y esto es debido a que se nos es presentado como un personaje humano, capaz de odiar las injusticias y ser amable con aque­llos que se lo merecen. Ser testigos de su evolución a lo largo de la novela solo hace que nos metamos más en su piel, y que incluso lleguemos a comprender su decisión final.

La crítica hacia la alta burguesía también es llevada con éxito por Baroja. Con las descrip­ciones caricaturescas y algunas escenas incluso cómicas nos va despertando el odio hacia estos personajes, que finalmente cristaliza con la descripción de los barrios pobres y la injusticia presente en la sociedad londinense, ante la que los aristócratas parecen estar ciegos.

En definitiva, una gran obra que no solo se detiene en la crítica hacia la burguesía, sino que nos permite disfrutar de los más bellos paisajes de Londres, descritos con gran maestría por parte de Baroja.